LA INNOVACION EVOLUTIVA

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La innovación empresarial tiene mucho en común con su teoría de la evolución, sobre el origen de las especies. Ah, pero con qué facilidad descuidamos y olvidamos lo que significa la innovación evolutiva, sobre todo cuando nuestra atención se centra en la innovación revolucionaria, mucho más atractiva.

Permítame descomprimir un poco, los paralelismos entre las teorías de Darwin y la innovación empresarial. Hay unos puntos importantes.

Primero, Darwin postula que todo puede atribuirse a un ancestro común. Traducción comercial: cada idea tiene elementos del pasado. Tomar la famosa línea de montaje de Henry Ford, que revolucionó la fabricación. Fue en realidad, de una parte flujo prestado de molinos y fábricas de conservas, de otra parte estandarizando piezas de herramientas de las máquina y transportadoras y finalmente de las industrias empaquetadorasde carne y elaboración de la cerveza. Mezclar, revolver y a cocer en el horno.

Segundo, es idea de Darwin también que rasgos similares convergen en un nuevo organismo. La tecnología del Smartphone, que combina la telefonía, software, mensajería de texto, correo electrónico, navegación por internet, grabación de voz, pantalla táctil, video, música y fotografía. Convergencia está en todas partes.

Tercero, la supervivencia del más apto de Darwin, por la que la falta en la realización de pequeñas adaptaciones conduce a la extinción. Hoy en día el siguiente paso en el uso del software es la suscripción.

Dicho lo cual, no hay mucho nuevo bajo el sol. La mayoría de los supuestos avances revolucionarios, sino más que pequeñas realidades, combinadas, sintetizadas y adaptadas para una nueva aplicación. Es casi imposible encontrar una gran innovación que no se base en algo que no exista previamente.

 


 

Dilema de Da Vinci

Pensemos en el genio solitario durante un minuto. Leonardo Da Vinci era fuente inagotable de grandes y originales ideas. Cientos de ideas brillantes e ingeniosas, muy adelantadas a su tiempo que llenaron páginas y páginas de sus cuadernos legendarios. Donde permanecieron, hasta que los innovadores en otra época las recobraron y las transformaron en algo realmente viable.

La historia se repite. Es comúnmente conocido que Apple no ideó su interfaz gráfica, Xerox lo hizo. Pero Steve Jobs se apropia de la idea y la convierte en un concepto viable comercialmente. Apple había dado en el clavo, continuó perfeccionando esta innovación y dio como resultado una solución que cambió el mundo de la movilidad.

Por lo tanto las ideas de Da Vinci rara vez ven la luz como inicialmente fueron concebidas. ¿Son valiosas? Absolutamente! El punto que destacamos aquí, es que sin la innovación evolutiva que las haga útiles, la brecha entre la idea y la aplicación es tan amplia que las personas no sólo no pueden conseguirlas, es que no pueden incluso ni verlas. De hecho todos nosotros, nos resistimos a una idea novedosa, por el hecho de serla, hasta que alguien es capaz de escalarla a niveles terrenales, es capaz de esculpirla, perfeccionarla y convertirla en algo manejable, aceptable y útil.

Como las ideas de Da Vinci, las grandes ideas suelen tener plazos de ejecución enormes. Sin embargo para la empresa dominante, que pretende lograr y mantener el éxito continuo a través de un progreso constante, el poder real de innovación vive en la más en la cantidad y la inmediatez. Por ello la innovación continua, incremental y evolutiva obtiene poca atención y mucho menos respeto.

Muchos de los directivos tienen la visión que la innovación evolutiva da más problemas que el valor que genera. Esto es un error, derivado de un planteamiento corto placista de la estrategia de la innovación. El error es comparable al de poner todos los huevos en la misma cesta, en el caso por ejemplo de inversiones en el mercado de valores. Tomando la tesis del premio noble de economía James Tobin que aconseja la diversificación y la selección de cartera, de no hacerlo estás a merced del mercado sin protección. Es arriesgado y temerario. Con la innovación pasa exactamente lo mismo.

 

¿Por qué la falta de respeto?
Podemos pensar en varias razones

En primer lugar, existe el enfoque de la visión de túnel sobre el crecimiento de ingresos, que es mucho más emocionante, que la mejora del beneficio. No olvidemos la enorme inversión que tendría que hacer frente para diseñar, desarrollar y probar un nuevo producto o servicio que pudiera hacer crecer un 100% los ingresos. Mientras tanto, las innovaciones encaminadas proyectos concretos y evolutivos se pueden financiar con los propios beneficios generados con los nuevos productos y servicios.

La historia reciente en el mundo de los negocios nos dice que el concepto ”Mejora continua” pasó a ser uno de una serie de esfuerzos orientados a la calidad a mediados de los noventa y quemados por una sencilla razón: el síndrome de la bala de plata, también conocido como las píldoras mágicas para los males del negocio.

Diferentes etiquetas le podemos colgar a este síndrome, gestión de la calidad, “Lean-Thinking”, “reengineering”, ninguna de ellas fue tomada seriamente como una disciplina ni siquiera fueron interiorizadas. En consecuencia, no hubo ningún aprendizaje profundo ni capacidad de construir algo nuevo. Los gerentes querían excelencia, pero no querían poner el esfuerzo en lo que realmente la genera. Lo querían barato y además querían atajos para mostrar resultados rápidos. Sin duda se trató de planteamientos reaccionarios centrados en el cumplimiento y corrección pero no en arreglar defectos, no en buscar lo óptimo o lo ideal para realizar algo.

Hubo un enorme fracaso a la hora de generar la necesaria masa de crítica para buscar pro actividad con la que seguir adelante a base de proyectos individuales o de equipo. Los administradores consideraron la mejora continua como algo totalmente disgregado de la innovación, y las consecuencias se vieron en el momento de desarrollar estos ”mantras”, pues era necesario inculcar una verdadera rutina en todo el sistema con la que acometer la solución de problemas mucho más duros, y entonces se cayó en la cuenta de que era necesario dar con una “nueva solución milagrosa”.

Finalmente, está la cuestión de la literatura de negocios. Con demasiada frecuencia se asocia la innovación como un tema que nos relata grandes éxitos, no las muchas debilidades y fracasos que son necesarios para conseguir verdaderos avances. Algunos pocos investigadores o autores, intentan informar no obstante, del a menudo aburrido y siempre doloroso proceso existente detrás el avance. Las historias que interesan en la literatura de los negocios son las que hablan del golpe maestro, el resultado final y las implicaciones estratégicas.

Resultado: seguimos estando bastante despistados en los rigores y beneficios de la innovación evolutiva.

La innovación debe ser una disciplina y estar institucionalizada, lo que no significa programada o empaquetada. No puede relegarse a un departamento. No se reservará para la gestión de nivel superior. No puede reducirse acciones equivalentes a la eliminación de defectos. Debe ser el núcleo creativo al trabajo diario de todos los miembros de la organización, no una actividad o evento de la línea lateral. Debe ser sobre el progreso. Debe entenderse universalmente que el camino hacia un futuro en el que todo el mundo tiene una participación.

Este tipo de disciplina requiere una evolución mental o “mindshift”, fundamental y eso la hace muy difícil, pues no existe una fórmula sencilla de llevarla a cabo. La mayoría de nosotros seremos afortunados si tenemos la oportunidad de entender y practicar la innovación como una disciplina, una forma de vida, pues solo sucede con el tiempo y a través de la experiencia. Hacerlo una y otra vez para conseguirlo.

Innovación no es algo para tomarse el tiempo de su trabajo diario para participar en, es el trabajo.

Pequeño y constante Hay que evolucionar con pequeñas innovaciones construidas a través de ideas que se puedan experimentar diariamente, de esta manera se logra la capacidad necesaria para crear la cultura de la innovación en la empresa. No hay ninguna desventaja real al cultivo de una sólida cartera de pequeñas ideas. Negociar con calderilla, permite experimentar más, obtener resultados más rápidos y aprender más rápido, sin la preocupación del riesgo y la exposición, además de generar protección ante la competencia. Cuantas más ideas pruebas más posibilidades emergen. Que a su vez alimentan nuevas oportunidades para combinar y multiplicar ideas mayores. El efecto multiplicador de ideas compuestas es enorme. Y cuando una gran idea resulte, que será cuando llegue el momento, será entonces cuando su innovación evolutiva mantendrá una ventaja competitiva y protegerá de la competencia más rápida. ¿Cómo? fácil, las evoluciones pequeñas y constantes permiten mantener los ingredientes de la “receta” secretos y a salvo de competidores. No llama la atención y además es aparentemente inconexo, difícil de entender y de valorar para alguien foráneo. En el momento de hacer públicas las innovaciones y que la competencia pueda hacerse con ellas, la rutina de la innovación evolutiva en pequeñas dosis, le permitirá estar en el siguiente escalón de la innovación. Quienes no innovan de forma evolutiva están destinados a ser los eternos seguidores. O eso, o subcontratar eternamente su innovación. Eso está bien para algunos, muchos incluso. Pero la evolución e adaptación a través de avances incrementales. Hay nada más lógico que lograr avances de forma constante, que no sea a través de una disciplina de incrementos. Así que pensad en “Darwin” y recordar: Es la incesante búsqueda de algo mejor que impulsa la innovación exitosa todos.

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